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Domingo 5 de Octubre de 2008
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Ingeniero Paco Ibarra,
Un hombre con corazón de niño |
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Antonio Flores Schroeder
El ingeniero Paco Ibarra se define como un hombre lleno de pasión y un juarense que como pocos ama y defiende a esta ciudad. Desde niño no ha dejado de soñar. Y para su fortuna la mayoría de sus anhelos se han hecho realidad. Cuando los años transcurrían lentos, de infante, dice que esta frontera estaba tan lejos de todo y tan cerca de Dios. Desde la primaria el futbol lo atrapó para siempre. En aquel entonces, platica, el futbol profesional sólo podía verse por la televisión. Su amor por este deporte lo hizo ilusionarse, como miles de chicos, con jugar algún día en el Estadio Azteca. Jugábamos en el barrio, en los campos de tierra. Antes no había canchas con césped, recuerda sentado en la mesa de juntas de su oficina particular en las instalaciones del Club Indios de Ciudad Juárez. Paco parece que de pronto se traslada a su niñez. Se le nota la emoción. No deja de sonreír mientras habla de esa época de su vida, en donde patear balones era un lugar común. Con el paso del tiempo el futbol se le metió en la cabeza y en el corazón. Un día le dijo a su padre que quería irse a estudiar fuera de aquí para dedicarse profesionalmente a este deporte. Pero le dijeron que no. Primero había que estudiar una carrera y luego, si había tiempo, dedicarse al balompié. Me di cuenta que si estudiaba una carrera iba a estar viejo para jugar en un equipo profesional. Tuve que estudiar, en la UACJ, expresa mientras aprieta las manos. Eran tiempos donde había pocas esperanzas. Paco veía a sus amigos del barrio que también tenían aspiraciones futbolísticas, pero no había escuelas de futbol y Juárez no existía para los grandes equipos mexicanos. Cobras le abre las puertas Cuando llegué a Cobras, que debo reconocerlo, el ingeniero Federico de la Vega se la jugó sin ser futbolero. El primer partido al que asistió fue a un juego de Cobras, menciona. El presidente de Indios asegura que en ese momento las circunstancias se dieron para adquirir un equipo de Segunda División y gracias a esta tierra de éxitos, ascendió a Primera División. Yo pedí la oportunidad por puro hobbie. La directiva me ayudó y me ligué al equipo. Empecé en las crónicas por radio, que me emocionaban mucho. Así conoció el Estadio Azteca. Ese gigante de Santa Úrsula con el que soñaba de niño. Quedó maravillado. Ibarra pensó que eso lo podía vivir más gente pero en un abrir y cerrar de ojos, el futbol de Primera División, afirma, se nos fue de entre las manos. La voz de Paco adquiere un tono de nostalgia. Se cometieron errores y no nos querían en el centro de la república, como sucede hoy con Indios, señala. De las Cobras a los Indios Luego pasaron los años en los que Paco soñaba con el regreso a Juárez del futbol profesional. Un día se presentó la oportunidad de tener en la ciudad una franquicia del Club Pachuca y comprometió a la empresa familiar, el Grupo Yvasa. Había que invertir en lo social, estábamos convencidos de que no iba a ser negocio, que no nos dejaría ganancias. Medimos el riesgo a tres años con la posibilidad de ascender. Su padre, remacha, estaba convencido de que había que regresarle a Juárez algo de lo mucho que les había dado. Paco es una persona que habla derecho y ve a los ojos. Así se le conoce en el medio futbolero y en la prensa. Es un hombre sincero. Tenemos mucho, quizá más de lo que merecemos, Dios nos ha dado bastante, era justo y necesario regresarle algo a Juárez. El proyecto Indios, más allá de lo deportivo tiene raíces profundamente sociales, aclara y asegura que el nacimiento de Indios coincidió con la llegada del gobernador José Reyes Baeza al poder. Él es una persona deportista y que tiene una gran visión en este tema. Ibarra dice que el apoyo del gobierno estatal fue desde un principio coadyuvar a que el estadio Olímpico Benito Juárez se pudiera habilitar en lo futbolístico. Le invertimos muchísimo en la cancha y ahora se han visto los resultados, es un estadio muy cómodo para el aficionado y para el jugador. Así inició Indios. Todo sea por los niños y Juárez La parte más importante de Indios son los niños. En una combinación de broma y seriedad, Paco explica de forma sencilla su idea sobre el proyecto y los infantes: Los viejos ni por las mañas ni por la cultura deportiva van a estar con Indios de manera fuerte, porque muchos de ellos tienen su coranzoncito con los equipos de más tradición y además muchos de los adultos, no tienen a Juárez en su corazón. Parece que no es fácil para el presidente de Indios aceptar esta realidad, sin embargo, tiene que hacerlo. Desgraciadamente la sociedad juarense está compuesta por muchas personas que no aman a Juárez. Yo tengo amigos que tienen viviendo aquí más de treinta años y que se siguen sintiendo con sus raíces en otra parte, en Torreón, Durango, Veracruz. Hace una pausa y sonríe otra vez. Toma aire y continúa. Dicen que vienen a Juárez de pasada y la verdad es que nunca se van a regresar, pero no quieren a esta ciudad. Viven aquí y le deben todo a Juárez... pero sus hijos sí nacieron aquí y es con ellos con los que se debe trabajar. Va al grano otra vez y reitera que los adultos no quieren a esta frontera. La explicación que tiene Ibarra para este fenómeno social es que Juárez está compuesto de migrantes. En otras partes de México quieres a tu ciudad y aquí no. Aquí tiras basura en las calles pero cruzas a El Paso y respetas todo y no es sólo por las multas, sino porque entras a otra cultura. El presidente del Club Indios tiene claro que los niños son el futuro de la ciudad. Además la estructura social, el triángulo social, está compuesto mayormente por los infantes, los adultos son los menos. La afición más grande que Indios puede tener son los niños. Para esto pone un ejemplo que lo vuelve a emocionar: En la Primera A, cuando se realizaban promociones para niños, dice, el ambiente era fabuloso. Si perdíamos o nos goleaban nos gritaban siempre a favor, de los niños nunca hubo un reproche, en cambio, los mayores van a buscar éxito y si no lo hay, entonces hay reproches, así es de triste nuestra composición social. Luego levanta un poco la voz y reitera que él adora esta ciudad, pero lamenta que hay muchos juarenses que aunque nacieron aquí, no son verdaderamente juarenses porque no quieren ni defienden esta frontera. Mayor labor social El Club Indios trabaja no sólo en las escuelas y en los campamentos de verano. De acuerdo a Paco Ibarra, el jefe mayor de la Tribu, el equipo ha visitado casi todas las primarias y kinders de esta ciudad. También los centros carcelarios infantiles. Los hospitales también son visitados por el equipo. Pero el proyecto no sólo es para los juarenses, sino para todo el estado. En la ciudad de Chihuahua el equipo de Primera A, estamos pendientes de la labor social. Esta es una instrucción mía para todos los colaboradores, dice la parte altruista de Paco Ibarra. Entonces nuestro aficionado número uno es el niño, con él hay mucha labor social. Todos los infantes tienen prioridad en el estadio, obviamente tenemos restricciones: los niños menores de 2 años no pueden ingresar al Olímpico por cuestiones de seguridad. Así lo marca la Federación Mexicana de Futbol, pero tienen nuestra admiración y gran respeto y estamos invirtiendo en ellos, asegura. No hay evento infantil al que no seas invitado. En todo lo que nos invitan apoyamos de acuerdo a nuestras posibilidades, remata. Problema cultural Paco Ibarra, el adulto que sueña como infante, dice que la falta de amor es un problema cultural. Es cierto, éste es un lugar que no tiene bonito clima ni buena vegetación, tampoco luce en lo arquitectónico, quizá por ser frontera tiene mala imagen. Aquí, comenta, se traficó con alcohol y ahora con droga. Luego vino el fenómeno social de las muertas de Juárez y la imagen de la ciudad se deterioró. Cuando algo no es agradable te bajas del barco, muchos de los que deberían defender a Juárez se han desenamorado de la ciudad, es un círculo vicioso que nos ha generado esta falta de arraigo y aparte no hay iconos que nos unan. Juárez visto desde el centro Al equipo Indios se le ve en el interior de la República como el patito feo. Obviamente somos los nuevos en la Primera División. Se nos ve como una directiva débil y una plaza, en muchos casos, como a la que no quisieran venir. Necesitamos cambiar esa percepción para que se nos considere como una plaza importante y motivante para venir a jugar futbol, expone. La pasión, parte fundamental Soy un hombre al que lo mueve la pasión. Tenemos sangre y la sangre es caliente, y también tengo corazón, que es pura pasión, dice con la sonrisa que lo caracteriza. Toma aire y suelta las palabras: También tenemos un cerebro que nos genera ilusiones y éstas nos generan sueños y esos sueños me llevan a ver a Juárez, los Indios, en torneos internacionales, en la Copa Sudamericana, en Europa, en las mejores plazas del mundo. Este nuevo sueño de Ibarra incluye a juarenses que representan a México en un Mundial. Soñar no cuesta nada, dice de tajo. En eso estamos, podemos no llegar y quedarnos en el camino, pero nadie me va a criticar el no haberlo intentado, eso sí te lo juro. A mí no me pueden criticar con la frase nomás dices y no lo haces, lo estoy haciendo y ojalá lo logre, expone mientras la entrevista transcurre como una plática de amigos. Sí me pueden criticar por equivocarme, porque seguramente me he equivocado. Soy humano y seguro tengo más errores que la gran mayoría pero sí estoy trabajando en lograr las metas, estos son mis sueños, ver a los juarenses representando en un Mundial a nuestro país. Lo vamos a intentar y si no, en la raya nos vamos a morir. Lo negativo y positivo Cuando te afecta algo no quiere decir que sea negativo, también hay cosas positivas, explica Paco. Los Indios me han afectado para bien y para mal. En lo negativo es culpa mía, me ha afectado en la salud, me he descuidado mucho en la alimentación. La presión tan grande me ha llevado a alimentarme mal, a no hacer ejercicio, a sentirme mal pero es culpa mía, reconoce. En lo positivo Indios me ha dado mucha motivación para seguir adelante. Acabamos de ganar un partido muy importante de visita y lo disfruté mucho, y yo creo que ese disfrutar, como el haber subido a la Primera División no hay puntos de comparación, dice. Pero para Paco no hay nada más positivo que las sonrisas de los niños, son cosas que te motivan muchísimo, reconoce entusiasmado. Estoy consciente de que los éxitos son menos que los fracasos, por eso hay que disfrutarlos mucho. Paco acepta que las bajas en el rendimiento deportivo del equipo le afectan mucho en lo anímico: Te curten, te forjan como el acero. Es un constante aprendizaje y bienvenido entonces el futuro con éxitos y fracasos. Tristeza y felicidad Muy poca gente sabe lo que el presidente de Indios ha vivido en los momentos más críticos al frente del equipo. En exclusiva para Norte, Paco Ibarra habla por primera vez del fin de semana trágico durante la semana en la que Indios obtuvo el campeonato al derrotar a los Esmeraldas de León. Lo más triste fue un día antes del ascenso. Fue el fin de semana donde circulaba un correo electrónico que advertía sobre la presencia de gente mala y que habría muchas muertes en la ciudad. Esa semana había muerto una tía y ese día asaltaron un negocio mío, una taquería, recuerda mientras su rostro se endurece por lo que va a decir. Lo voy a decir por primera vez a un medio de comunicación. El jueves anterior que jugamos aquí la final de ascenso contra León nos asaltó un comando armado en el Estadio Olímpico. Se llevaron muchas cosas de la gente, todo el dinero. Por no hacer escándalo no lo hice público. Se llevaron todo el dinero de las taquillas, dice mientras el brillo de sus ojos parece disminuir poco a poco. Dejaron a la gente muy dañada, había amenazas por todos lados. Fue muy feo y muy triste y era un momento muy difícil. Paco relata que la presión se incrementó antes de subir al avión ya que la información negativa aumentaba a cada minuto. Me subí al avión con los ojos llorosos, de coraje, impotencia. Me acuerdo cuando despegó el avión, alguien me dijo que se sentía bien abandonar Juárez con todos sus problemas, pero yo no sentía eso. Yo estaba triste y no quería irme de mi casa, esa casa que es Juárez para mí. La única forma de ayudar a Juárez era ganar el campeonato y subir a la Primera. Y así fue. Los momentos más felices para Ibarra fueron los restantes minutos de ese partido y por supuesto la llegada a Juárez, donde fueron recibidos por más de cien mil personas que abarrotaron las principales avenidas de la ciudad. Dios, la parte más importante Dios es nuestro creador, así de sencillo. A él le fallo constantemente, si alguien le falla soy yo, pero trato de estar pendiente de que me corrijan. El caerse es muy fácil, lo difícil es volverse a levantar. Intento tenerlo muy cerca de mí siempre. Primero es Dios, mi esposa, mis hijos, mis hermanos, mis padres, Indios... Dios siempre está al frente de todo, concluye con una sonrisa. |
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