Especial

martes, 10 julio 2007

Juárez, ciudad de pobres

• 'Tenemos dos papas en el refri mamá'
• ‘¿Quién me puede ayudar con mi bebé?’
• Existe ‘feminización’ incesante de la pobreza
• ‘Cargan’ organismos con mujeres marginadas
• Urgencias: inaccesible a las colonias

Antonio Flores Schroeder
'Tenemos dos papas en el refri mamá'
El refrigerador está vacío. También los platos y vasos. Hoy hay para comer sólo dos papas y posiblemente el sentarse en la mesa será únicamente para esperar que papá llegue con algunas monedas para mitigar el hambre que desde hace mucho tiempo, es ya una costumbre.
El frío y el calor aquí calan más. Un pequenísimo cuarto de cartón y madera ubicado en Lomas de Poleo alberga a Cristina Delgado Rodríguez y su esposo, Juan Francisco Delgado Andrade.
Pero no están solos. Tienen cuatro hijos que a pesar de vivir en este rincón del desierto son felices o al menos simulan no estar tristes.
Igual que los otros cuartos de la zona están colgados de la luz.
Ni pensar en la escuela. Gastar en útiles sería aumentar la huelga de hambre y entonces las cosas se pondrían más difíciles, si es que se puede estar en una situación peor a la que se enfrenta esta familia.
Cristina Delgado abre el refrigerador y lo cierra rápido, como si quisiera engañar a sus hijos, pero esta vez Nancy, de 12 años, le ganó la tirada y se asomó.
No digas que no tenemos nada, hay dos papas en el refri, dice la niña de sonrisa serena.
La mamá ríe en un intento de hacerle creer a los demás niños que hoy habrá algo de comer, aunque sea sopa caducada, como la que los ha alimentado a lo largo de un año y medio, desde que abandonaron Gómez Palacio, Durango.
Juan Francisco, el padre, se dedica a la construcción. Tiene 33 años. En los buenos tiempos suele llevar a casa hasta setecientos pesos cada semana, pero desde hace tiempo no hay trabajo.
Por eso tuvo que hacerla de mesero en el otro lado de la ciudad. Labora en un bar de mala muerte en el suroriente. No había de otra.
Se tiene que ir antes de que el sol se duerma tras el cerro. La noche aquí es más oscura y peligrosa. Tiene que evitar a los malillas que en esa zona hacen cualquier cosa para conseguir un cigarro de mota.
Los bares cierran tarde y cuando regresa sus hijos están despiertos y tienen hambre. Es mejor llegar con un poco de salchichón y si se puede cinco piezas de pan, una para cada quien. Con eso estarán más que contentos.
Pero llega cansado y tiene que dormir entre moscas y cucarachas. La puerta tiene que estar abierta para que circule el aire caliente, mientras sus hijos juegan a que tenían juguetes y una vida digna.
Su esposa que le ayudaba a recoger fierro y botes de lámina tiene que darle vueltas a su cabeza para pensar qué hará hoy.
Hace poco se enfermó de uno de sus riñones y la enfermedad la atrapó. Duró una semana en la cama. Desde ese día la única entrada de dinero es de Juan.
En el fondo tiene una esperanza. El terreno lo compraron cuando llegaron a una persona de la que no se acuerdan su nombre. Ojalá y no sea un defraudador, como los que abundan en las colonias donde la tierra parace no tener dueño, pero siempre tiene dueños.
Con el tiempo vamos a levantar una casita, platica sin mirar a los ojos. La verdad es que no está muy convencida.
De la escuela asegura en voz baja, que pronto sus hijos estarán dentro de las aulas.
El hombrecito de la casa, Irving Francisco, de 8 años, dice que quiere ser bombero cuando esté grande. Le gusta el futbol pero no tiene un balón para practicarlo, dice que le gustan los libros pero no va a la escuela.
Da la impresión de que es feliz. Y de hecho lo es. Asegura que vivir entre la arena y la miseria es lo mejor. Ni siquiera conoce la zona centro de la ciudad porque está demasiado lejos.
En una televisión que apenas se ve dice haber visto como Nery Castillo mete goles con la selección mexicana. No habla mucho. Escucha atento las preguntas y suelta como dardos sus respuestas.
Sí tengo juguetes, pero su hermana Nancy Alejandra le recrimina sus mentiras.
Esta adolescente también es feliz. Le gustaría tener una muñeca Bratz, de esas que se anuncian en la televisión y que parece que todos las niñas del mundo la pueden tener. Lo único que no le gusta son las espinas que hay en su patio.
Quisiera ser médico pero todavía falta tiempo y pronto tendrá que trabajar. La situación económica de la familia así lo requiere. Solamente un milagro logrará que Nancy entre a un salón universitario.
Mientras llegan los años ella le ayuda a mamá a lavar la ropa o a echarle cloro a la letrina para no enfermarse, como ya ha pasado otras veces.
De Juanito Ramón, de 4 años y Francisco Javier de 3, no se pueden decir muchas cosas. Aún no tienen conciencia de lo que sucede a su alrededor. Sus ojos verdes y ocuros, y su sonrisa plena son sus juguetes preferidos, lo único que tienen.

• ‘¿Quién me puede ayudar con mi bebé?’

Para Paula Ávalos la vida no es nada fácil. Al contrario. La semana pasada su esposo Juan sufrió un paro cardiaco y casi pierde la vida. Se salvó de milagro. Su hijo de dos meses no anda muy bien que digamos. Tiene flemas en los pulmones. Quizá algo más grave. El lunes se levantó muy temprano para conseguir 200 pesos para la medicina que necesita.
Eran las once de la mañana y sus bolsillos estaban vacíos. Nadie nos ayuda, aquí no hay hospitales, quién me puede ayudar para que mi hijo no se enferme más, se pregunta bajo los inclementes rayos del sol que caen a plomo, como clavos que se insertan en la piel.
Vive bajo las faldas de un cerro en la calle Del Rábano y Cilantro en la colonia Lomas del Poleo. Un cuarto de cuatro por cuatro cobija todas sus pesadillas.
Aquí ni siquiera llegan los panorámicos de los gobiernos y eso es ya mucho decir. Este es el lugar que las autoridades no quieren reconocer que existe, ni la sociedad. Nadie se atrevería a decir después de visitar este infierno que Juárez progresa.
La habitación de Juan y Paula es de madera y adentro tiene una cama. Huele a humedad y a tortilla podrida. No tienen refrigerador ni estufa. Mantienen fría el agua en un termo color naranja que tienen en un carro que apenas camina, pero hoy no hubo para el hielo.
A un lado, encima de un viejo buró están las medicinas, leche en polvo, un cepillo y más medicinas
El calor es sofocante. Su bebé duerme un plácido sueño. Para él los problemas no han llegado como para su padre, que en los últimos días tiene el azúcar alta, casi en trescientos.
Cuando su salud era de hierro sacaba algunos cientos de pesos cada semana. Pero ahora su salud es tan frágil como el cristal.
Trabajaba vendiendo ropa en las segundas de Anapra. No vivían como reyes pero sí tenían para comer todos los días. Pero un día el mundo se les vino encima. Su casa se quemó porque seguramente como ahora, estaban colgados de la luz.
El estrés en que lo mantuvo esa situación con su hijo de dos semanas de nacido, lo enfermó y su corazón casi se detiene, como el tiempo que dura una entrevista, como el sueño del bebé que quizá esté esperando a que Dios le abra las puertas del cielo.
En un abrir y cerrar de ojos de su hijo, ya despierto, las lágrimas recorren sus mejillas. Así hasta el reportero más fuerte se dobla. Viene un nudo en la garganta y una especie de soga que aprieta la garganta permite apenas cuestionar a Juan.
Sí quiere trabajar. En lo que sea, dice. Pero su salud no se lo permite por ahora. Una de las iglesias cristianas del sector lo ayuda con ropa y leche para su hijo.
Las historias en este lado de la ciudad son todas así. De la tragedia a la desesperanza, del olvido oficial al social. Es un círculo vicioso que se extiende como un cáncer en Juárez.


Existe una ‘feminización’
incesante de la pobreza

Hérika Martínez
“Las mujeres vivimos más la pobreza, entre la pobreza, porque somos constituidas culturalmente para los demás”; aseguran organismos sociales de la ciudad, quienes reconocen que es el sexo femenino quien resiente más las condiciones de pobreza, debido a una serie de factores como lo político, el trabajo, la salud y la violencia, entre otros.
Se trata de una incesante “feminización de la pobreza”; la mujer vive constantemente una doble jornada, o doble violencia, porque trabaja fuera, pero también trabaja dentro del hogar, explicó la psicóloga Itzel González, coordinadora del Programa Mujeres Jóvenes, de Casa Centro de Promoción Juvenil.
Una mujer y un hombre pueden ser aparentemente igual de pobres, pero es la mujer quien reciente más el hecho, ya que no participan en su hogar sólo con el aspecto económico, sino que también aporta su fuerza de trabajo.
“Ella es la que asume todo, los hijos, la comida, el trabajo, los servicios; y todo esto va mermando su salud en todos los sentidos”, además de que en muchas ocasiones es también violentada, comentó.
Las mujeres, externó, sufren también constante de estrés, al ser “constituidas culturalmente para los demás. Ellas viven de manera más densa la pobreza, porque un hombre tiene más oportunidad de salir al público y buscar empleo; la mujer por cuestiones culturales se queda en el hogar y va perdiendo autonomía y autoridad” y si trabaja gana menos.
Igualmente, Imelda Marrufo, coordinadora del área de Ciudadanía de Casa, y miembro de la Mesa de Mujeres del Consejo Ciudadano, coincidió en que culturalmente los hombres y las mujeres no viven de la misma forma la pobreza, ya que las mujeres siempre tienen más responsabilidades.
“La mujer trabaja más para otros que para ellas mismas, se vuelven un instrumento de ‘servidumbre voluntaria’, señaló.
Y es que es la mujer quien administra la escasez en un hogar, si el esposo gana bien o gana mal, ella tiene que administrar igual el dinero y hacerse cargo de todos los pagos de servicios, comida, ropa, escuela, alimentación, expresó Dora Dávila, directora de Salud y Bienestar Comunitario (Sabic).
“El esposo huye y minimiza el problema, y ellas cargan con la problemática”, aseguró, quien recientemente coordinó el estudio denominado ‘Mujeres, Salud y Derechos Humanos en el Poniente de Ciudad Juárez’.
Dicha investigación fue realizada entre 200 mujeres de cuatro colonias de la zona poniente de Juárez, una de las más marginadas de la frontera. Se encontró que el 54 por ciento de las encuestadas son migrantes, lo que las coloca en “un tejido social de menor protección”, comentó.
Dentro de los datos del estudio de Sabic se encontró también que al 37.5 por ciento de las mujeres la pareja no les ayuda a cubrir sus necesidades, al 70 por ciento su cónyuge le oculta cuánto gana y al 20.5 por ciento le niega sustento para solventar sus necesidades, teniendo él dinero.
Sin embargo, al 18 por ciento la pareja le controla el dinero, y al 5 por ciento el hombre le quita el dinero que ella gana, o sea que ella trabaja y gana menos por ser mujer, y aún así su pareja es quien administra el dinero de ambos, comentó Dora Dávila.
Se halló también que el 66 por ciento de las madres de familia presentaron constantemente cansancio, debido a circunstancias como el exceso de trabajo, la falta de horas de sueño, la mala alimentación, el constante estrés, preocupaciones y algunas otras enfermedades.
Y cuando están enfermas, el 42 por ciento dijo automedicarse, mientras que el 41 por ciento “se aguanta” y el 40.50 por ciento se toma algún remedio natural, lo que refleja el descuido constante hacia ellas mismas, se argumentó.

‘Cargan’ organismos con mujeres marginadas
Linda Mendoza
En esta ciudad no existen organizaciones gubernamentales avocadas a dar solución a la problemática de la pobreza acentuada entre las mujeres, son organismos sociales locales quienes principalmente se encargan de promover la ayuda en este marginado sector.
En una visión generalizada de la situación de la ciudad se diagnostica que existe una feminización de la pobreza en Juárez, pues distintos factores sociales, culturales, psicológicos y más que nada políticos influyen a que sean las mueres la que más resienten la pobreza, no sólo monetaria sino en calidad de vida, explicó la doctora Dora Dávila, directora del Centro de Salud y Bienestar Comunitario, que da atención médica en la colonia López Mateos y del cual la mayoría de sus pacientes son mujeres.
Sin embargo, la mayor causa de la pobreza es originada por la falta de atención de los gobiernos hacia esta problemática, Imelda Marrufo, coordinadora del Área Ciudadana en CASA Promoción Juvenil y miembro de la Mesa de Mujeres del Consejo Ciudadano, dijo: “las autoridades no han logrado plantear de manera certera interés por erradicar la pobreza no se ha visto voluntad política de hacerlo ni se ha mostrado capacidad de crear políticas públicas”.
Dijo que no se ha presentado una propuesta racional, firme y sustentada para atender este problema, “no hay una política intencionada, ni por el gobierno estatal, ni gobierno municipal“, dijo Marrufo.
Dijo que son las organizaciones y movimientos sociales los que han llamado a la acción a instituciones financieras y agencias trasnacionales para que asuman los costos sociales que generan las empresas que dan malas condiciones de trabajo y mantienen a los empleados sometidos.
Dávila explicó que esta desatención de los gobiernos se ve reflejada en que no existen organizaciones gubernamentales que se preocupen por la situación de la mujer y sus necesidades. “Aquí sólo existe el Musivi (Mujeres en situación de violencia) y el Ichimuj (Instituto Chihuahuense de la Mujer) como instituciones gubernamentales que brindan apoyo a la mujer”, dijo la doctora.
Agregó que a pesar de que existen estas dos instituciones, ninguna da un servicio verdaderamente efectivo y que el número de psicólogos y abogados que trabajan con éstas es muy limitado.
“Es claro que no se puede atender eficazmente a nadie de esa forma... si las mismas organizaciones que cuentan con hasta tres o cuatro psicólogos cada una no se dan abasto, mucho menos ellos que tienen nada más un psicólogo y un médico”, dijo.

¿Es Juárez una ciudad rica?
Marrufo explicó que para poder entender la pobreza hay que analizar primeramente los indicadores de pobreza que toman en cuenta los gobiernos. “La pobreza está relacionada con los Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (DESCAN) y México firmó un pacto para trabajar en esta materia; el estado está obligado a proporcionar garantías que aseguren alimento, ingresos, acceso a la cultura y al desarrollo social para todos los ciudadanos”, dijo Marrufo.
Comentó que hablar de pobreza implica relacionar las condiciones de pobreza con el cumplimientos de los DESCAN, “el gobierno ha construido indicadores para medir la pobreza en México que son muy cuestionables, pareciera que sólo generan una buena carta de presentación de México hacia otros países”, expresó.
Explicó que si se toman en consideración estos indicadores del gobierno se podría decir que Juárez está dentro de las ciudades que tienen mayor riqueza, debido a los servicios, la infraestructura y las fuentes de empleo con las que cuenta, esto en comparación con otros estados del sur.
“Pero esto es totalmente falso, existe una gran asimetría en la igualdad de oportunidades, sobre todo en cuestión de género. Hay que construir indicadores que verdaderamente reflejen la realidad”, dijo Marrufo y agregó que el hecho de que vivir en Juárez sea más costoso que en otros estados agrava la situación de pobreza y provoca que sea mayor.

Urgencias: inaccesible a las colonias
César Ruiz

Lo inaccesible del camino, las largas distancias y una pésima ubicación de las calles, provocan que las urgencias médicas en las colonias más pobres lleguen a tardar hasta horas, informaron paramédicos de la Cruz Roja y Rescate.
El coordinador operativo del Departamento de Rescate, Édgar Mena Tagle, comentó que actualmente el mayor problema se encuentra en la zona de la Estación Delicias.
Explicó que esto se debe a que en ese punto se debe dar atención a zonas como lo son Arroyo de las Víboras y Anapra, entre otros, los cuales tienen una geografía u orografía muy complicada.
Por lo regular ahí se localizan calles que aun y cuando los mapas señalan calles rectas, en la práctica la mayoría están cortadas por lomas o cerros y reincorporarse a esas arterias es necesario tomar otras calles.
A ello se le debe sumar que algunas vías no tienen pavimento y por ello el andar debe ser más lento, ya que el terreno se encuentra demasiado accidentado y cuando hay pavimento, éste se encuentra en malas condiciones, dijo.
Agregó que a esas cuestiones se le deben sumar que en esos lugares se presentan el mayor número de incidencias, como lo son riñas, choques y accidentes múltiples.
A todas esas contrariedades se le deben sumar que actualmente el Departamento de Rescate sólo cuenta con cuatro unidades que funcionan correctamente.
Ese número de ambulancias significa cerca del 40 por ciento del total que tienen, pues la autoridad municipal cuenta con once, pero las otras siete se encuentran fuera de servicio por causas mecánicas, afirmó.
Al respecto el director de la Cruz Roja, Raúl Rodríguez Tavárez, comentó que la geografía y orografía se le deben sumar aspectos como lo son la falta de conciencia de los ciudadanos.
“La gente no le abre el paso a la ambulancia; ése es uno de los factores más importantes, entonces sale la ambulancia y por más que lleva las luces encendidas, las torretas, no le dan preferencia”, dio a conocer.

En las imágenes la señora Flores muestra el refrigerador semivacío, a excepción de dos papas con los que prepararía una frugal comida para su esposo e hijos (abajo).
La señora Paula Ávalos carga en brazos a su bebé de dos meses de nacido, enfermo; en la parte inferior se muestra la receta médica necesaria para adquirir las medicinas
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